Sábado 23 de marzo, 2019. Pasado el mediodía, las caritas de los niños se asomaban sonrientes por las ventanas de los primeros autos que iban llegando a “Diaguitas”, el sector asignado para la aventura en la Hacienda Picarquín, a 75 kilómetros de Santiago. Solo que esta vez –y por primera vez en muchos años- quienes conducían los autos y acompañaban a los niños a un campamento en la precordillera no eran papás, sino entusiasmadas mamás que estaban más que preparadas para pasar un día y medio increíble en compañía de sus hijos e hijas y – por supuesto- con sus amigas.

¿Armado de carpas? Fácil y rápido para este grupo de 23 mamás e hijas/hijos que a punta de martillos (o piedras) terminaron la tarea en poco tiempo, para después compartir el almuerzo y comenzar las primeras actividades, siguiendo las instrucciones de quien fuera la incansable organizadora del campamento, apoderada y amiga, quien ya antes de la entrada a clases de los niños en marzo, (sí, en plenas vacaciones) comenzó  a enviar mensajes por whatsapp, instando a las madres a sumarse a este evento. Y qué bueno!!!!.

Como “Tigre” y “Galgo” fueron bautizados rápidamente por los niños dos perros del sector que acompañaron a madres e hijos/as durante toda su estadía en el campamento: corriendo por los senderos, prácticamente galopando por las hojas que deja el otoño, los animales fueron los amigos  perfectos de estos dos días en que la naturaleza ocupó un rol protagónico. Piqueros en la piscina, varias tazas de té y café, lecturas de cartas de los padres de los pequeños preparadas con antelación, asado, conversaciones alrededor de la fogata y uno que otro marshmellow pulverizado por el fuego,  fueron la tónica del primer día, que terminó con las (¿afinadas?) voces de madres y niños cantando los hits del momento como “La voz de los 80”, “La Maldita Primavera” y “Todos me Miran,”  este último de la incomparable Gloria Trevi. Aunque no faltó uno que otro reggaeton por petición exclusiva de los niños (no se vaya a creer que por gusto de las madres, aunque hay que confesar que ese tal Daddy Yankee logra contagiar a cualquiera, jajajaja!!!!).

El domingo, después del desayuno, vino el desafío mayor: Recorrer los kilómetros que  separaban el campamento del famoso “tranque” de la hacienda Picarquín. Abrocharse zapatillas, gorros y bloqueador y partir ¿Cansancio? Claro que sí, pero el entusiasmo  por seguir en contacto con la naturaleza y por compartir con los niños le entregó el último impulso a este grupo.  Un poco de desilusión al llegar al tranque y constatar que estaba completamente seco, (¿calentamiento global o la época del año?) pero eso no impidió que ellos disfrutaran junto a la compañía de Tigre y Galgo, antes de regresar al campamento, esta vez para preparar la partida.

Somos madres de la primera generación co-educacional del Colegio San Ignacio Alonso de Ovalle y cuando en Primero Básico se organizó el campamento padre/hijo muchas de nosotras pensamos: ¿Y cuándo con las mamás? La agitada vida laboral y/o doméstica nos pide a veces, parar también, enfocarnos en uno solo de nuestros hijos (para las que tienen más de uno) y pasar unos días memorables con ellos, además de seguir reforzando nuestra comunidad, que – a pesar de sus altos, bajos y momentos muy difíciles- sigue siendo hermosa. Eso significó la Hacienda Picarquín para este grupo  del Tercero Básico A, que sueña poder repetir cada año (en marzo, con el colorido otoño asomando). Esperamos que sea una inspiración también para futuras generaciones de mamás y niños/as.

Agradecimientos totales a la tía Sandrita que colaboró con ideas, apoyo y ánimo, a Rosana por la paciencia y dedicación y a todas las mamás y niños que hicieron de este campamento uno inolvidable.

Bernardita Aldunate

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