Apostolado Parroquia Santa Cruz

Nos debe de pasar a todos y todas que asistimos por primera vez a una actividad pastoral, que el corazón late más rápido. Primero, porque no sabemos qué va a pasar o con quien nos vamos a encontrar, es lógico sentir un poco de temor, sin embargo están muy fuerte las profundas ganas y deseos de participar, de ser un aporte, de no restarse sino de sumar. Segundo, todos tuvimos que hacer gestiones previas al día del apostolado, coordinar personas cercanas para que puedan cuidar a los más pequeños, cruzar Santiago para ir a dejarlos con una hermana o cuñada. Tercero, la preocupación de las compras o la coordinación que llevaba cada uno fue central, pero no exenta de un poco de estrés…

Bueno con todo esto, llegamos unos puntuales, otros un poco retrasados, pero todos con muchas ganar de ayudar. Nos ofrecíamos para pelar papas, tomates, preparar el postre… Quizás muchas cosas que nos cuestan hacer en nuestro hogar, acá fue algo natural.

Para los amantes de la cocina, saben que el que prepara la comida con amor y alegría, traspasa a todos los ingredientes. Aunque nos sentimos contra el tiempo, nos organizamos bien, cada uno realizó su trabajo como un reloj, hasta que llegó el momento de servir la mesa, los patroncitos estaban esperando para entrar, nosotros listos, con las bandejas con pan, la carbonada calientita, la ensalada preparada, el postre y bebida disponibles… Todo iba rápido, hasta que un papá nos reunió al lado del fogón y nos invitó a realizar una Oración, esto nos centró, así como lo hace el GPS. Nos volvió al origen de todo, que el amor se pone en las obras, que es justo y necesario ayudar y acompañar al Cristo que sufre, que a ejemplo de San Alberto Hurtado (ex alumno del San Ignacio), que haría Cristo en mi lugar.

Nuestros comensales entraron con respeto y casi en silencio, pero luego todos sentados y nosotros preparando bandejas y sirviendo en la mesa, todo cambió, nos preguntamos los nombres, conversamos y conocimos historias de vida. Hasta hubo repetición. Como comentario de los patroncitos; “esta comida es de Hogar”. Eso buscamos, que en este almuerzo fraterno se sintieran en CASA, y creo que se logró… dar dignidad y respeto.

Simplemente quiero agradecer… Fuimos los primeros que nos tocó cocinar en esta temporada, podría haber ser mejor, pero siento que fue un momento donde uno iba a entregar un servicio, nos retiramos a nuestros hogares con las imágenes en nuestro corazón que van a quedar por mucho tiempo. Solo nos queda dar gracias por la oportunidad de en todo Servir y Amar.

Rodrigo Cuevas, Apoderado Voluntario Prekinder A – Colegio San Ignacio Alonso Ovalle